No me recriminen por lo que voy a decir, ni me digan que este es el momento para disfrutar de la selección alemana y no para hacer sonar las alarmas. Lo siento, así como me alegro de sus progresos, me siento en la obligación de plantear aquí un par de aspectos (ustedes podrán decir “detallitos”) que para muchos pasan desapercibidos, pero yo no puedo ni quiero dejarlos escapar.
Alemania aún no es tan perfecta, ni tan buena, ni tan sólida como luce a veces. Además, todos elogian sus puntos fuertes, ¿y qué pasa con los débiles?
Claro, todo el viejo continente (Alemania misma incluida) ya ve a los teutones como claros favoritos a la Eurocopa 2012; sería tonto decir que no es así. Pero la verdad, el qué tan lejos se llegue en ese torneo -teniendo en cuenta que la selección alemana no será cabeza de grupo y por lo tanto su nivel de competición deberá estar al máximo punto desde el primer partido, España y Holanda podrían ser sus rivales de apertura; Francia, Italia e Inglaterra los siguientes- dependerá de lo que aquí les contaré.
1- El sistema
¿4-2-3-1? ¿4-1-4-1? ¿Una transición durante el partido de un sistema al otro dependiendo de cómo se desarrolle?
El 4-2-3-1 ya lo conocemos del Mundial 2010 y partidos siguientes. Bastian Schweinsteiger y Sami Khedira (o quien se decida que acompañe al primero pues allí pueden funcionar a la perfección tanto Kroos, como uno de los gemelos Bender, o Rolfes) en contención, Özil de creativo, Podolski (Schürrle) y Müller por las bandas, Klose (Gómez) al frente.
Este planteamiento va a ser, sin duda, la base de todo lo que pase en el futuro. Pero de otro lado es un desperdicio cuando se tienen como generadores de ideas tanto a Kroos como al genial Mario Götze; un desperdicio que el entrenador Joachim Löw no está dispuesto a asumir.
Queda entonces el 4-1-4-1, una variable con sólo un medio defensivo y dos creativos por el medio. Un suicidio ante selecciones que se atrevan más al ataque (como Holanda para citar sólo una), pero válida desde la perspectiva del mismo Löw que dice que si se juega con la filosofía de generar ataque “es lógico que concedamos opciones de encajar, lo cual no importa si nosotros hacemos suficientes goles”.
No, ese 4-1-4-1 lo veremos con frecuencia de aquí al inicio de la Euro 2012, pero más –estoy convencido de ello- porque se buscará afinarlo antes que imponerlo. Se le necesita como recurso, especialmente luego de haber comprobado (contra Brasil) que funciona y se tiene el material en la plantilla para aplicarlo, pero no será la “biblia” alemana.
La que sí será la “biblia” es la transición de un sistema al otro, la flexibilidad de acomodar un 4-2-3-1 a un 4-1-4-1 cuando se requiera y se den las posibilidades. El partido contra Austria la semana pasada fue el mejor ejemplo de sus virtudes.
Pero también de sus fallas a estas alturas (aún quedan, contados desde hoy, 277 días para perfeccionarlo todo)
En este “caucho” táctico, que se estira y se encoje según las circunstancias, hay un jugador (y sólo uno, es la verdad) que lo posibilita: Toni Kross. El del Bayern es el único en capacidad de asumir labores de contención con propiedad y aportar en la segunda versión del planteamiento genialidad hacia delante.
Es un chiste, uno de mal gusto, que Kroos, cuya flexibilidad le condenó durante los últimos años a no poder desplegar a tope todo su potencial por la indecisión de sus entrenadores de adjudicarlo un papel definitivo, hoy esté a punto de convertirse en el pilar fundamental de Alemania en la búsqueda de los ansiados títulos internacionales.
Seis goles contra Austria –en el debut de este concepto- hablan a favor; dos goles en contra, en los dos únicos ataques del rival, en contra. Aún hay que trabajar intensivamente en los espacios enormes que se abren cuando se pasa al 4-1-4-1 con el partido en desarrollo, y, muy importante, en el siguiente aspecto.
2- Los centrales
Partiendo de que se preferirá el “caucho”, es vital tener en cuenta cómo cumplirán su labor los centrales, pues cuando el 4-1-4-1 aparece, se necesita que ellos estén bastante adelantados, cubriendo la espalda del único jugador de contención (Schweinsteiger) de tal manera que los boquetes no sean tan grandes que otorguen libertades de movimiento a los atacantes del equipo contrario, y su cuota de recuperación, rechazo y seguridad debe incrementarse para en el mejor de los casos despejar el peligro, para en el peor frenar un avance lo suficiente para permitir el regreso del resto de compañeros.
Löw tendrá que sacar lo mejor de Badstuber (que hoy por hoy está sembrado y es el Mertesacker de ayer como jefe de la línea posterior) pues este, sin duda, es el integrante de la pareja de centrales que más aporta en la apertura de juego y en la transición de defensa a ataque con la precisión de sus pases, pero a la vez es el que luce más inseguro al momento de retomar posiciones, de reordenarse.
Sin su aporte, y el de su colega (llámese éste Hummels, Mertesacker, Boateng o Höwedes), el “caucho” no va a funcionar.
3- El lateral derecho
Con un Philipp Lahm de regreso a la banda cambiada (el capitán cumple, pero sus aportes ya no son lo que eran), la posición del lateral derecho está abierta, no tiene dueño, y los candidatos de Joachim Löw inexplicablemente son todo, menos laterales.
Contra Austria fueron Benedikt Höwedes, central del Schalke, y Jerome Boateng, central del Bayern pero que por lo menos conoce el puesto porque lo ha ocupado. Contra Brasil el afortunado fue Christian Träsch, que tampoco es lateral sino volante.
Joachim Löw aún tiene una plaza vacante, y sin un sólido y constante lateral derecho las cosas se pueden ir a pique pues cuando Thomas Müller –como es su vocación y oficio- se lance al ataque necesita alguien que le asesore en la marcha y a la vez le cubra la retaguardia.
Mi recomendación para esa posición es Gonzalo Castro, con él se tiene un lateral de oficio que conoce la selección y acopla bien con sus integrantes porque ha jugado tanto en Leverkusen (Toni Kroos, André Schürrle) como en los equipos naciones de categorías inferiores (Mesut Özil).
Vamos a esperar que respuestas tiene el entrenador. Esta noche a ver el primero de un año entero de partidos de fogueo de Alemania: el rival es Polonia.
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Montag, 5. September 2011
Donnerstag, 11. August 2011
El nuevo 4-1-4-1 de Alemania
El amistoso Alemania – Brasil de anoche, independientemente del resultado (3-2) y del momento futbolístico de los sudamericanos, fue un banquete para los dueños de casa en el que el entrenador Joachim Löw se atrevió a probar un nuevo concepto que funcionó y -aún mejor- lució tan pero tan bien, (todo un éxito) que de su selección sólo resta esperar títulos porque el nivel exhibido fue inmenso.
Löw venía formando un 4-2-3-1 con el doble pivote conformado por Bastian Schweinsteiger y Sami Khedira; a esa fórmula se aferró hasta cuando surgió un jugador espectacular llamado Mario Götze al que cualquier entrenador inteligente (y el alemán lo es) quiere poner de principio a fin.
El problema que se planteaba era responder a las preguntas cómo y dónde integrar al juvenil del Dortmund, pues con dos de contención en la mitad, y Mesut Özil sembrado (así debe ser) sólo quedaba la opción por los flancos, donde Götze rinde, sin duda, pero lo suyo es accionar mucho más central de tal forma que sus espacios de movilidad sean muchos más amplios, y por ende sus libertades.
Khedira (y Özil, lo conté ayer) no fue convocado de común acuerdo con el Real Madrid. Para su puesto al lado de Schweinsteiger el entrenador Löw tenía suficientes opciones, todas muy buenas (en mi opinión un par mejor que Khedira), como Sven Bender, Ilkay Gündogan o Simon Rolfes.
¡Pero todos ello se quedaron en el banco! El que jugó fue Toni Kroos.
Götze, ya se sabía, ocupó la plaza de Özil como conductor de los hilos del equipo nacional de Alemania; pero Kroos, contra todos los pronósticos, no fue socio de Schweinsteiger sino del juvenil del Dortmund. ¡Qué genial movimiento de sus piezas hizo Löw! Planteó contra Brasil (ojo, no contra Azerbaiyán, o Austria, o Kazajstán, no, ¡contra Brasil!) un ofensivo 4-1-4-1 con dos medios creativos llenos de ideas y ganas (Götze –Kroos) y dos por bandas (Podolski y Müller) que no sólo defendían en su propia línea sino también en las diagonales internas al hacer los regresos.
Señores, si no vieron el partido no saben de lo que se perdieron. Esa dupla Götze-Kroos armonizó de manera espectacular, se entendió a las mil maravillas, se juntó para jugar entre sí, o para poner a jugar a los demás. De Götze se esperaba este rendimiento, pero ver a Kroos fue gratificante, una especie de redención de un enorme talento victima de sus propias cualidades.
El del Bayern regularmente termina ahogado en su flexibilidad, producto de la capacidad de cubrir con propiedad todas las posiciones del mediocampo, lo que a veces hace que los entrenadores olviden que donde mejor rinde es como conductor. Löw no lo olvidó, pero también tomó en cuenta algo que sus colegas dirigiendo a Kroos desestiman: la necesidad de un socio.
Y Götze fue ese socio, aunque doy por descontado que esa pareja no será la que veremos en los torneos, allí el Kroos de anoche será Mesut Özil. Pero eso es sólo cuestión de nombres, lo importante es saber, como lo sabe el entrenador Löw -y desde ayer Alemania y el resto del mundo- que este 4-1-4-1 funciona, que el atrevimiento de poner a dos talentosos volantes juntos da resultados, que se gana muchísimo en control de balón y generación de juego ofensivo.
También importante…
…Lahm como lateral izquierdo: Löw reacciona al movimiento de su colega Jupp Heynckes en el Bayern y ubica a Lahm allí donde saltó a la fama (pese a no ser su banda natural). El lateral luce allí mucho más despierto, sus desbordes, interiorizando, aportan más al ataque, y el cambio sólo puede elogiarse.
…Mats Hummels va ganando la carrera por la titularidad en la selección al lado de Mertesacker. Ayer junto a un Holger Badstuber impecable, se destacó sobre éste con sus aportes muy efectivos a la apetura del juego ofensivo.
…Christian Träsch de lateral derecho, pese a no ser su puesto acostumbrado, convenció, especialmente teniendo en cuenta que poco o nada ha jugado allí. Buena opción.
…André Schürrle fue el gran ganador de anoche, en el segundo tiempo revitalizó el juego alemán aportando lo que se extrañó de Podolski: encarar el duelo 1 a 1, explotar en carrera a lo largo de la línea, juntarse con Götze y Kroos.
Löw venía formando un 4-2-3-1 con el doble pivote conformado por Bastian Schweinsteiger y Sami Khedira; a esa fórmula se aferró hasta cuando surgió un jugador espectacular llamado Mario Götze al que cualquier entrenador inteligente (y el alemán lo es) quiere poner de principio a fin.
El problema que se planteaba era responder a las preguntas cómo y dónde integrar al juvenil del Dortmund, pues con dos de contención en la mitad, y Mesut Özil sembrado (así debe ser) sólo quedaba la opción por los flancos, donde Götze rinde, sin duda, pero lo suyo es accionar mucho más central de tal forma que sus espacios de movilidad sean muchos más amplios, y por ende sus libertades.
Khedira (y Özil, lo conté ayer) no fue convocado de común acuerdo con el Real Madrid. Para su puesto al lado de Schweinsteiger el entrenador Löw tenía suficientes opciones, todas muy buenas (en mi opinión un par mejor que Khedira), como Sven Bender, Ilkay Gündogan o Simon Rolfes.
¡Pero todos ello se quedaron en el banco! El que jugó fue Toni Kroos.
Götze, ya se sabía, ocupó la plaza de Özil como conductor de los hilos del equipo nacional de Alemania; pero Kroos, contra todos los pronósticos, no fue socio de Schweinsteiger sino del juvenil del Dortmund. ¡Qué genial movimiento de sus piezas hizo Löw! Planteó contra Brasil (ojo, no contra Azerbaiyán, o Austria, o Kazajstán, no, ¡contra Brasil!) un ofensivo 4-1-4-1 con dos medios creativos llenos de ideas y ganas (Götze –Kroos) y dos por bandas (Podolski y Müller) que no sólo defendían en su propia línea sino también en las diagonales internas al hacer los regresos.
Señores, si no vieron el partido no saben de lo que se perdieron. Esa dupla Götze-Kroos armonizó de manera espectacular, se entendió a las mil maravillas, se juntó para jugar entre sí, o para poner a jugar a los demás. De Götze se esperaba este rendimiento, pero ver a Kroos fue gratificante, una especie de redención de un enorme talento victima de sus propias cualidades.
El del Bayern regularmente termina ahogado en su flexibilidad, producto de la capacidad de cubrir con propiedad todas las posiciones del mediocampo, lo que a veces hace que los entrenadores olviden que donde mejor rinde es como conductor. Löw no lo olvidó, pero también tomó en cuenta algo que sus colegas dirigiendo a Kroos desestiman: la necesidad de un socio.
Y Götze fue ese socio, aunque doy por descontado que esa pareja no será la que veremos en los torneos, allí el Kroos de anoche será Mesut Özil. Pero eso es sólo cuestión de nombres, lo importante es saber, como lo sabe el entrenador Löw -y desde ayer Alemania y el resto del mundo- que este 4-1-4-1 funciona, que el atrevimiento de poner a dos talentosos volantes juntos da resultados, que se gana muchísimo en control de balón y generación de juego ofensivo.
También importante…
…Lahm como lateral izquierdo: Löw reacciona al movimiento de su colega Jupp Heynckes en el Bayern y ubica a Lahm allí donde saltó a la fama (pese a no ser su banda natural). El lateral luce allí mucho más despierto, sus desbordes, interiorizando, aportan más al ataque, y el cambio sólo puede elogiarse.
…Mats Hummels va ganando la carrera por la titularidad en la selección al lado de Mertesacker. Ayer junto a un Holger Badstuber impecable, se destacó sobre éste con sus aportes muy efectivos a la apetura del juego ofensivo.
…Christian Träsch de lateral derecho, pese a no ser su puesto acostumbrado, convenció, especialmente teniendo en cuenta que poco o nada ha jugado allí. Buena opción.
…André Schürrle fue el gran ganador de anoche, en el segundo tiempo revitalizó el juego alemán aportando lo que se extrañó de Podolski: encarar el duelo 1 a 1, explotar en carrera a lo largo de la línea, juntarse con Götze y Kroos.
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Montag, 6. Juni 2011
El efecto Mario Gómez
Los entrenadores tienen dos posibilidades de plantear el juego de sus equipos, sólo dos:
a- Consiguen los jugadores que se adaptan a su sistema
b- Adaptan su sistema a la plantilla de la que disponen
Joachim Löw parece que, obligado por las circunstancias, o mejor, obligado por la buena racha de Mario Gómez (y al tiempo la fidelidad a un crack insustituible, Miroslav Klose) se ha tenido que decidir por la opción b y ahora buscará plantear una Alemania con un 4-4-2.
Dos delanteros al frente, uno muy trabajador y sacrificado como Klose, otro que viene aprendiendo de las virtudes de su colega (aún sin llegar a su nivel) pero que a su favor tiene goles garantizados, curiosamente algo que empezó con un suceso histórico ocurrido en Chile.
El poder ofensivo que estos dos jugadores aportan a la selección no admite discusión, si los dos logran acoplarse la peligrosidad de la selección alemana aumenta ostensiblemente, de eso no hay duda.
Pero entonces, y aquí llega el pero, se pierde una posición en el mediocampo, la sección más densamente ocupada en el equipo, donde más jugadores a disposición se tiene, donde los talentos nuevos y ya establecidos y consagrados se amontonan a granel: Götze, Kroos, Reus, Müller, Schürrle, Podolski, Khedira, Bender, Rolfes…
El 4 de la mitad cobrará victimas, y la pregunta es quién sale y como se planteará el movimiento de esta vital zona, donde hay dos figuras que son imprescindibles: Özil y Schweinsteiger.
Donde antes se acomodaban 5 ahora tendrán cupo sólo 4, el 4-4-2 exige recortes, y recortes que, como ya vimos, sólo afecta a 3 de los 5: a Khedira, a Müller, o a Podolski. A ellos se le suman las modificaciones que se han previsto en la línea posterior, donde Philipp Lahmm cambiará de banda pasando de la derecha, donde armonizaba muy bien con Müller, a la izquierda, desde donde enganchará de afuera hacia adentro.
Por eso parecería, a primera vista, que prescindir en este 4-4-2 de Podolski, con un Lahm interiorizando, sería regalar la banda (algo de lo que durante mucho tiempo la Alemania futbolística se quejó), pero de otro lado, ¿no sería esa la banda de Özil?
Se va Podolski, Özil pasa a la izquierda a asociarse con Lahm, y con ello se limita la capacidad creativa del de Real Madrid pues su radio de acción o es muy grande y exigente, o se reduce un ala.
La otra opción es renunciar a Khedira, para transformar el 4 en línea que significaría la salida de Podolski por un diamante con Schweinsteiger como único (y en ese caso también exclusivo) volante defensivo, Özil por el centro y Podolski y Müller por los alerones. ¡Este 4-4-2 es un verdadero rompecabezas!
Antes de agotar todas las posibilidades me atrevo a pronosticar que el cupo lo tendrá que entregar Khedira, y que Klose, con su espíritu de lucha, será el responsable de asumir labores defensivas extras cuando las situaciones así lo exija. Pero antes de que ello suceda, el anunciado 4-4-2 por Löw, por culpa de Gómez y su gran rendimiento, tiene que llegar.
a- Consiguen los jugadores que se adaptan a su sistema
b- Adaptan su sistema a la plantilla de la que disponen
Joachim Löw parece que, obligado por las circunstancias, o mejor, obligado por la buena racha de Mario Gómez (y al tiempo la fidelidad a un crack insustituible, Miroslav Klose) se ha tenido que decidir por la opción b y ahora buscará plantear una Alemania con un 4-4-2.
Dos delanteros al frente, uno muy trabajador y sacrificado como Klose, otro que viene aprendiendo de las virtudes de su colega (aún sin llegar a su nivel) pero que a su favor tiene goles garantizados, curiosamente algo que empezó con un suceso histórico ocurrido en Chile.
El poder ofensivo que estos dos jugadores aportan a la selección no admite discusión, si los dos logran acoplarse la peligrosidad de la selección alemana aumenta ostensiblemente, de eso no hay duda.
Pero entonces, y aquí llega el pero, se pierde una posición en el mediocampo, la sección más densamente ocupada en el equipo, donde más jugadores a disposición se tiene, donde los talentos nuevos y ya establecidos y consagrados se amontonan a granel: Götze, Kroos, Reus, Müller, Schürrle, Podolski, Khedira, Bender, Rolfes…
El 4 de la mitad cobrará victimas, y la pregunta es quién sale y como se planteará el movimiento de esta vital zona, donde hay dos figuras que son imprescindibles: Özil y Schweinsteiger.
Donde antes se acomodaban 5 ahora tendrán cupo sólo 4, el 4-4-2 exige recortes, y recortes que, como ya vimos, sólo afecta a 3 de los 5: a Khedira, a Müller, o a Podolski. A ellos se le suman las modificaciones que se han previsto en la línea posterior, donde Philipp Lahmm cambiará de banda pasando de la derecha, donde armonizaba muy bien con Müller, a la izquierda, desde donde enganchará de afuera hacia adentro.
Por eso parecería, a primera vista, que prescindir en este 4-4-2 de Podolski, con un Lahm interiorizando, sería regalar la banda (algo de lo que durante mucho tiempo la Alemania futbolística se quejó), pero de otro lado, ¿no sería esa la banda de Özil?
Se va Podolski, Özil pasa a la izquierda a asociarse con Lahm, y con ello se limita la capacidad creativa del de Real Madrid pues su radio de acción o es muy grande y exigente, o se reduce un ala.
La otra opción es renunciar a Khedira, para transformar el 4 en línea que significaría la salida de Podolski por un diamante con Schweinsteiger como único (y en ese caso también exclusivo) volante defensivo, Özil por el centro y Podolski y Müller por los alerones. ¡Este 4-4-2 es un verdadero rompecabezas!
Antes de agotar todas las posibilidades me atrevo a pronosticar que el cupo lo tendrá que entregar Khedira, y que Klose, con su espíritu de lucha, será el responsable de asumir labores defensivas extras cuando las situaciones así lo exija. Pero antes de que ello suceda, el anunciado 4-4-2 por Löw, por culpa de Gómez y su gran rendimiento, tiene que llegar.
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