Se llama “La sutil diferencia” y se empezará a vender en Alemania este lunes. Desde hace unos días ocupa al mundo del fútbol en Alemania por sus “explosivas” revelaciones que en primicia publicó el diario Bild. Aquí se las entrego yo en español, así como son, sin comentarios.
Sobre el ex entrenador de Alemania y el Bayern Jürgen Klinsmann
“Klinsmann llegó al Bayern con el aura del héroe del 2006, como símbolo de que el club estaba entrando en el futuro y no tenía miedo de cambios estructurales. Pero el experimentó fracasó, con él sólo entrenábamos condición física, las charlas tácticas demasiado cortas y nosotros, los jugadores, empezamos a reunirnos por iniciativa propia para decidir cómo jugar los partidos. Después de 6, 8 semanas, ya sabíamos que con Klinsmann no íbamos a ningún lado, la temporada se limitó a reducir los daños hasta su despido”.
Sobre Felix Magath
“Magath trabaja con presión y deja a los jugadores en la incertidumbre sobres si cuenta con ellos o no, de esa manera extrae lo máximo de cada uno de ellos. Para los futbolistas eso es muy exigente y llega un momento en el que ya no están de lado del entrenador porque ya no les impresiona, sus trucos dejan de funcionar porque ya se les conoce”.
Sobre Louis van Gaal
“Él introdujo una filosofía de juego en el Bayern con la que tuvimos mucho éxito la primera temporada, pero no fue capaz de reconocer y eliminar sus fallas, por ejemplo aquella en el trabajo defensivo. El equipo jugaba ofensivo, convencido que los delanteros marcarían uno o dos goles por partido, y la que sufre es la defensa. En los entrenamientos dedicábamos mucho tiempo a la apertura del juego, tan pronto el arquero tenía el balón los centrales debían posicionarse en cada una de las esquinas del área creando un hueco de 40 metros entre ellos. Nunca se planteó la opción de que en esa acción se perdiera el balón, lo que en la temporada sucedió frecuentemente y facilitó los goles del adversario. Allí éramos muy frágiles. Van Gaal nunca dudó de si mismo ni de su sistema, pero los tiempos en los que un entrenador sólo habla con los jugadores para impartir ordenes pertenecen al pasado”.
Sobre el ex entrenador de Alemania Rudi Völler y la Euro 2004
“Me sorprendió la ligereza del entrenamiento: correr dos veces alrededor de la cancha, calentar, estiramientos, con la pelota en un circulo, luego un par de disparos al arquero, un par de centros, y un partido. Eso fue todo, y eso me pareció como si uno estuviera de vacaciones con un par de amigos, pero nadie decía nada, los experimentados cumplieron lo suyo y al entrenador todo le pareció en orden y bien. El primer rival fue Croacia, pero sobre el rival no hablamos, nadie conocía a esa selección, sólo a sus jugadores de la Bundesliga, nada mas; charla táctica, una estrategia de cómo jugar, tampoco, las únicas veces en las que Völler habló, que yo recuerdo, fue cuando daba a conocer la formación titular. La regla en esa selección era la despreocupación, se entrenaban un par de situaciones en centros, nada especial, y la cosa era divertida, sí, pero carente de sistema. A diario máximo se tenía una hora de entrenamientos, nada de análisis de videos del rival, la verdad, nada de videos, lo único sobre lo que se conversaba era sobre errores que el entrenador había identificado, pero todo quedaba solucionado si uno decía que no los volvería a cometer”.
Sobre el actual entrenador alemán Joachim Löw
“Desde el primer entrenamiento él dejó ver que era un gran táctico, es muy interesante escuchar lo que él dice sobre cada posición, en especial sobre la forma cómo considera que deben ser interpretadas”.
Sobre la derrota alemana contra Croacia (2-1) en la Euro 2008
“Estábamos jugando tan mal que al entrenador no le quedaba otra que introducir modificaciones drásticas, sacó a Marcell Jansen y me envió de lateral izquierdo, lo cual en mi opinión era tan difícil en pleno partido como cambiar en el tráfico de Londres un auto con el timón a la derecha por uno a la izquierda. Nuestro juego mejoró, pero no lo suficiente, no jugábamos mal en una posición, jugábamos mal en todas, no existía un equipo solidario en la cancha, sólo discusiones y quejas. Al siguiente día nos sentamos a hablar pero pese a que era obvio qué jugadores estaban molestos con cuáles, nadie dijo nada; pese a todo por lo menos quedó claro que todos se necesitaban unos a otros”.
Sobre el gol de Fernando Torres en la final de la Euro 2008
“Lloré sentado en la cabina en la pausa, peor no podían ser las cosas, semejante error y no poder seguir jugando para corregirlo y ayudar…”
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Freitag, 26. August 2011
Samstag, 30. Juli 2011
Klinsmann, el nombre de una fabula
“No hay plazo que no se cumpla”. Mi abuela me decía esto cuando yo era un chiquillo con ganas de ser adulto, entonces no le creía pero ella tenía razón; hoy que soy adulto, en dirección a la vejez, le creo y desearía que ella no tuviera razón.
En el caso de Jürgen Klinsmann también se cumplió el proverbio de mi abuela: se cumplió el plazo del sueño eterno del alemán, ser entrenador de la selección de los Estados Unidos. Creo que en un breve espacio del tiempo la afición norteamericana (la que entiende verdaderamente de fútbol) estará deseando que ese plazo no se hubiera cumplido.
Yo, en privado, sólo puedo vincular con el nombre Klinsmann recuerdos agradables: la Copa Confederaciones 2005, la preparación del Mundial 2006, el evento en Alemania, su paso por el Bayern… Tuve la oportunidad de cubrir desde adentro estos procesos y la experiencia marcó mi vida.
De otra parte, como analista del fútbol, tengo que reconocer que el nombre Klinsmann es sinónimo de desilusión, de promesas no cumplidas, del vendedor que infla el producto que una vez comprado no sirve para nada. El ex entrenador de la selección alemana y del Bayern es mucho menos de lo que pretende ser.
Klinsmann pretende ser un entrenador revolucionario, pero no lo es. Si pretendiera ser un administrador revolucionario, un innovador gestor de estructuras, estaría más cercano a la verdad de su esencia como hombre de fútbol.
Pero el alemán se empeña en ocupar la posición de “entrenador”, uno que no le va porque el traje le queda grande. Tal vez sea esta la razón por la cual siempre quiso ocupar ese cargo en Estados Unidos, donde la comprensión del juego es potestad de una enorme minoría; donde no se entiende masivamente lo que es un entrenador, es factible ser un entrenador cuando de verdad no se es uno. Esas condiciones le vienen a la medida a Klinsmann, para quien fueron golpes del azar, resultado de las circunstancias, el haber sido con antelación entrenador de Alemania y del Bayern.
Más grande, más arriba, imposible; aún así lo de llenar el banco alemán (2004) fue el resultado de una loca idea, fruto del desespero tras la negativa de los principales candidatos Guus Hiddink, Morten Olsen, Arsene Wegner, Ottmar Hitzfeld y Otto Rehagel; la llamada “Comisión para encontrar un entrenador nacional” (no es broma, así se llamaba) de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), no encontraba sucesor para Rudi Völler y antes de fracasar -careciendo del talento que hoy con Jürgen Klopp (Dortmund), Thomas Tuchel (Mainz) y Robin Dutt (Leverkusen) florece en el país- contactó a Jürgen Klinsmann, especialmente para frenar el camino de Lothar Matthäus que venía apoyado por Franz Beckenbauer.
Lo de llegar a Múnich fue otra vez el resultado de negociaciones frustradas en diciembre del 2006 con los Estados Unidos para asumir la dirección de la selección. Klinsmann había renunciado al finalizar el Mundial de Alemania a renovar su contrato con la DFB retornando a su casa en California con la posibilidad en mente de conducir el equipo nacional norteamericano. Libre, se le acercaron las directivas del Múnich para contratarlo (“la peor decisión de mi vida” diría el presidente del Bayern Uli Hoeness al rememorar ese fichaje) con la esperanza de, a largo plazo (en un club que vive del corto plazo), reformar las estructuras para garantizar éxito.
En Múnich Klinsmann ciertamente le cambió la cara al club, lo “profesionalizó” como él mismo en su lenguaje lo denominó, integrando cambios estructurales y adicionando elementos importantes para el rendimiento deportivo. El Bayern le dio tanto poder como nunca antes (y nunca después) se lo había dado a un entrenador. Pero la realidad es que lo que hizo fue para nada.
Les invito a leer estos textos, entonces entenderán mejor el paso de Klinsmann por el Bayern:
1- Las expectativas que despertó y las promesas que hizo al llegar al Bayern
2- Su balance intermedio (ya se veía venir un mal final)
3- Su despido
En la selección alemana, con anterioridad, la cosa no era diferente. Allí Klinsmann era el gran moderador, el motivador, el hombre de los discursos, el que comunicaba entusiasmo. El fútbol lo comunicaba el actual entrenador Joachim Löw.
Mientras Klinsmann acudía a sus jugadores con frases como “tienes que meterla toda”, “no te arrugues”, “vamos a mostrar quienes somos”, Löw les explicaba los movimientos a hacer, los recorridos a seguir en la cancha, elaboraba la estrategia de manejo de balón… El entrenador verdadero en la cabina a la sombra del oficial. Klinsmann aprovechó al máximo la euforia de jugar un Mundial (y una Copa Confederaciones) en casa, el entusiasmo popular fue su escondite, el armario donde pudo ocultar sus falencias técnicas.
Y claro, a él (¿o a Löw?) se le debe la consagración de Bastian Schweinsteiger, Lukas Podolski, Philipp Lahm, pero al mismo tiempo se le debe un fútbol que tanto en Alemania (que por fortuna contaba con Löw), como en el Bayern (que desafortunadamente no contaba con Löw sino con Martín Vásquez, un excelente estratega que no logró comunicar en Múnich su idea por poner tanta atención a su jefe), parecía condenado a vivir sólo del aspecto emocional.
La ecuación le puede resultar en Estados Unidos. Eso sí, cuando Estados Unidos entienda un poco más de fútbol entonces se preguntará por qué Jürgen Klinsmann es su entrenador.
En el caso de Jürgen Klinsmann también se cumplió el proverbio de mi abuela: se cumplió el plazo del sueño eterno del alemán, ser entrenador de la selección de los Estados Unidos. Creo que en un breve espacio del tiempo la afición norteamericana (la que entiende verdaderamente de fútbol) estará deseando que ese plazo no se hubiera cumplido.
Yo, en privado, sólo puedo vincular con el nombre Klinsmann recuerdos agradables: la Copa Confederaciones 2005, la preparación del Mundial 2006, el evento en Alemania, su paso por el Bayern… Tuve la oportunidad de cubrir desde adentro estos procesos y la experiencia marcó mi vida.
De otra parte, como analista del fútbol, tengo que reconocer que el nombre Klinsmann es sinónimo de desilusión, de promesas no cumplidas, del vendedor que infla el producto que una vez comprado no sirve para nada. El ex entrenador de la selección alemana y del Bayern es mucho menos de lo que pretende ser.
Klinsmann pretende ser un entrenador revolucionario, pero no lo es. Si pretendiera ser un administrador revolucionario, un innovador gestor de estructuras, estaría más cercano a la verdad de su esencia como hombre de fútbol.
Pero el alemán se empeña en ocupar la posición de “entrenador”, uno que no le va porque el traje le queda grande. Tal vez sea esta la razón por la cual siempre quiso ocupar ese cargo en Estados Unidos, donde la comprensión del juego es potestad de una enorme minoría; donde no se entiende masivamente lo que es un entrenador, es factible ser un entrenador cuando de verdad no se es uno. Esas condiciones le vienen a la medida a Klinsmann, para quien fueron golpes del azar, resultado de las circunstancias, el haber sido con antelación entrenador de Alemania y del Bayern.
Más grande, más arriba, imposible; aún así lo de llenar el banco alemán (2004) fue el resultado de una loca idea, fruto del desespero tras la negativa de los principales candidatos Guus Hiddink, Morten Olsen, Arsene Wegner, Ottmar Hitzfeld y Otto Rehagel; la llamada “Comisión para encontrar un entrenador nacional” (no es broma, así se llamaba) de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), no encontraba sucesor para Rudi Völler y antes de fracasar -careciendo del talento que hoy con Jürgen Klopp (Dortmund), Thomas Tuchel (Mainz) y Robin Dutt (Leverkusen) florece en el país- contactó a Jürgen Klinsmann, especialmente para frenar el camino de Lothar Matthäus que venía apoyado por Franz Beckenbauer.
Lo de llegar a Múnich fue otra vez el resultado de negociaciones frustradas en diciembre del 2006 con los Estados Unidos para asumir la dirección de la selección. Klinsmann había renunciado al finalizar el Mundial de Alemania a renovar su contrato con la DFB retornando a su casa en California con la posibilidad en mente de conducir el equipo nacional norteamericano. Libre, se le acercaron las directivas del Múnich para contratarlo (“la peor decisión de mi vida” diría el presidente del Bayern Uli Hoeness al rememorar ese fichaje) con la esperanza de, a largo plazo (en un club que vive del corto plazo), reformar las estructuras para garantizar éxito.
En Múnich Klinsmann ciertamente le cambió la cara al club, lo “profesionalizó” como él mismo en su lenguaje lo denominó, integrando cambios estructurales y adicionando elementos importantes para el rendimiento deportivo. El Bayern le dio tanto poder como nunca antes (y nunca después) se lo había dado a un entrenador. Pero la realidad es que lo que hizo fue para nada.
Les invito a leer estos textos, entonces entenderán mejor el paso de Klinsmann por el Bayern:
1- Las expectativas que despertó y las promesas que hizo al llegar al Bayern
2- Su balance intermedio (ya se veía venir un mal final)
3- Su despido
En la selección alemana, con anterioridad, la cosa no era diferente. Allí Klinsmann era el gran moderador, el motivador, el hombre de los discursos, el que comunicaba entusiasmo. El fútbol lo comunicaba el actual entrenador Joachim Löw.
Mientras Klinsmann acudía a sus jugadores con frases como “tienes que meterla toda”, “no te arrugues”, “vamos a mostrar quienes somos”, Löw les explicaba los movimientos a hacer, los recorridos a seguir en la cancha, elaboraba la estrategia de manejo de balón… El entrenador verdadero en la cabina a la sombra del oficial. Klinsmann aprovechó al máximo la euforia de jugar un Mundial (y una Copa Confederaciones) en casa, el entusiasmo popular fue su escondite, el armario donde pudo ocultar sus falencias técnicas.
Y claro, a él (¿o a Löw?) se le debe la consagración de Bastian Schweinsteiger, Lukas Podolski, Philipp Lahm, pero al mismo tiempo se le debe un fútbol que tanto en Alemania (que por fortuna contaba con Löw), como en el Bayern (que desafortunadamente no contaba con Löw sino con Martín Vásquez, un excelente estratega que no logró comunicar en Múnich su idea por poner tanta atención a su jefe), parecía condenado a vivir sólo del aspecto emocional.
La ecuación le puede resultar en Estados Unidos. Eso sí, cuando Estados Unidos entienda un poco más de fútbol entonces se preguntará por qué Jürgen Klinsmann es su entrenador.
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